CRISTIANISMO Y RELIGIÓN 2ª CREENCIAS – LA CULPA DEL PECADO ORIGINAL

Publicado: 25/05/2014 en Ciencia y Espiritualidad
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LA CULPA DEL PECADO ORIGINAL

     Antes de abordar reflexiones en torno al Pecado Original, en si mismo, es necesario dilucidar y comprender si el sentimiento de CULPA es una emoción positiva que contribuya en algo bueno para la Humanidad.

     Muchas personas piensan que la culpa es una experiencia natural, pero este sentimiento no es sano ni productivo. No sirve para ningún propósito constructivo. 

     Cinco lecciones para aprender de la culpa:   

     1ª  El sentimiento de culpa proviene de una parte asustada de la personalidad. El temor o miedo que se oculta en la emoción de culpabilidad se mueve en contra del sentimiento y emoción requerido para el desarrollo espiritual.     

     2ª  La culpa deteriora la capacidad de aprender de las experiencias. Sus experiencias están diseñadas para aprender y beneficiarle, no para meterle temor, contraerle por el miedo o el remordimiento.  La culpa te conduce a actuar desde el miedo en lugar del amor.     1247356523_g_1

     3ª  La culpa te impide ser honesto contigo mismo. El dolor es una oportunidad para aprender sobre ti mismo. La culpa te distrae y te ausenta de esa lección crucial que te ofrece el dolor.   

     4ª  La relación entre culpa y perdón puede sorprender. La culpa es en realidad una forma manipuladora de buscar el perdón. Es la creencia de que infligiéndote sufrimientos a ti mismo, otro te perdonará por ellos. Depositas la fe en el dolor porque realmente sabes, que sólo tú puedes perdonarte a ti mismo, sin embargo, delegas el perdón en otro.  

     5ª  Nos inhabilitamos de dar lo mejor de nosotros mismo mientras nos sintamos culpables. Usted -como todos- tienen dones y usted nació para darlos. Cuando decides no perdonarte a ti mismo, decide no dar los regalos que tu alma anhela dar.                                                                                                       Gary Zukav

     Hay creencias en la Religión que no tenemos el arrojo ni la valentía de cuestionar. Esta que abordamos aquí está en la raíz y en el fundamento de la Religiones Occidentales; Y ella es el inculcado credo condenatorio que se atribuye a todo Hombre, por el llamado  “Pecado Original”. 

       Hoy día, sin expresarse una oposición fehaciente a este principio, una gran mayoría de personas del mundo occidental, no se dejan llevar tan a ciegas por ese credo culpabilizador.

       Sin embargo, a pesar de que la Iglesia se vio obligada a aliviar algo ese fanatismo que tanto daño causo en la historia, su dogma doctrinal sigue tan vigente  como  siempre, pues es su clave central. Esto es una rémora decisoria para las religiones, según otras interpretaciones.

     Cierta apertura en la confesión es una muestra de esa licencia, que de ser un acto de perdón del otro (el cura), paso a ser un acto concedido a la conciencia personal, pero, eso si, bajo los parámetros y directrices de la Iglesia.

      Si analizamos todo el proceder de la Iglesia comprenderemos como siempre ha ido adaptándose a lo que le interesó, con ligeras evoluciones, pero siempre en pro de no  perder el control de sus fieles y el poder de gobernar.

     Fundamentar las raíces y cimentación de las Religiones en la leyenda simplista de la mordedura de una manzana es un cuento para mentes cortas; ello a pesar que se pueda derivar su comprensión como un acto de desobediencia o inclusive de rebeldía al Creador. Un Hombre evolucionado como el actual no puede quedarse en esa lectura tan maniquea.

     En cualquier caso esa lectura de culpar a nuestros ancestros, en el origen de los tiempos, de ser los causantes del mal en la Tierra. Sentenciándolo con el dolor, la lucha por la subsistencia, el temor y la muerte. Con esto, la más excelsa creación divina, el Hombre, es lisiado desde los albores de su nacimiento por su Creador.  Este acto de desobediencia a Dios condena de por vida a toda su descendencia.

     Qué libre albedrío concedía Dios a la creación del Hombre con consciencia, que cuando obsta por manifestar su libertad es sentenciado. O, es que le creo con esa potencialidad para impedirle ejercerla. Ese proceder no es propio de un Dios en la manifestación de su creatividad (Amor); eso es algo más característico de un dios menor, hacedor de tullidos e imperfecciones, que actúa a imitación humana iracundo y mezquino.

     ¿No será más bien, una cuestión de errónea o interesada interpretación? ¿Quiénes hicieron esa interpretación: Dios o los hombres? No fueron, como siempre, hombres que dicen ser sus elegidos. ¿Qué emociones genera una sentencia así, no es temor y el miedo, o es acaso Amor?  ¿No es esa sentencia acaso un instrumento de poder para ejercer control y dominio sobre los hombres?

     ¿No muestra el Antiguo Testamento, al lado de excelentes mensajes, a un Dios controlador, iracundo, castigador, machista y no se con cuantos defectos más? ¿No fue Cristo, quien vino a derogar la Ley Antigua? ¿Es realmente ese el autentico mensaje de Cristo?

            ¿Estaban en esa línea las demás corrientes cristianas, cuando un nuevo Poder, el de Roma, se hizo con la corriente elegida? ¡¡No, no, no estaban de acuerdo!!

      La Iglesia Católica, Apostólica y Romana, madre de las Iglesia posteriores, edifica su Institución sobre la culpabilidad de ese pecado, de tal forma que hasta la muerte del Cristo lo transforma en el sacrificio que muestra el camino a seguir para redimirse de esa Sentencia de culpabilidad, convirtiendo la vida en un autentico calvario para el creyente, si quería obtener el premio de ese cielo prometido por la Religión.

      Los profundos mensajes aleccionadores de Jesús, su ejemplo de vida, inclusive el mandato mayor que regia su vida: el Amor al prójimo, es relegado a un segundo plano, ante la perversidad del tan gravísimo pecado y la culpa que portamos y del que sólo nos aligeraremos en la medida que la Iglesia nos perdone.

    El inmenso poder de la creencia en la CULPA es definitivo y decisorio para el devenir de la Humanidad a lo largo de la historia. El enaltecimiento del sufrimiento, del sacrificio mediante el dolor, la valoración de las penalidades como camino o el llevar una vida lastrada de vicisitudes se convierten en pautas y bandera del rebaño pastoreado.

     Puede parecerte exagerado si lo referencias con el presente, pero estudia la historia toda. Aún hoy, mira la Semana Santa, los penitentes fustigándose, los costaleros, la parafernalia del dolor y culpa que la embarga. Todo esto no es una mera escenografía teatral, es una creencia esencial que está insertada en el subconsciente individual y colectivo de la Humanidad que rige el Mundo; y si, como dice la ciencia el 95% de nuestro proceder y obrar esta regido por el subconsciente, podemos reafirmar lo pernicioso de tal creencia, bajo el aval de como marcha el Mundo.

    Esa sentencia de CULPABILIDAD es la más abrumadora y pesada carga que ha subyugado y embargado la vida y el obrar de la Humanidad. Ese yugo de CULPA ha inhibido grandemente, desde remoto tiempo, el afloramiento del Amor de los Hombres sobre la Tierra, al insertarse y dominar la cultura de los pueblos.

     Prohibir, perseguir y destruir otras lecturas esenciales de los Evangelios Cristianos impidió que transcendiese otras enseñanzas de la vida de Cristo. Como una esencial del cristianismo gnóstico, que desvela a Jesús, como el hombre que desarrolló un proceso de crecimiento interno de su esencia divina, común a todos, que lo condujo a cristificar e iluminarse en lo que se llama el Cristo. Es el mismo proceso vivido por Buda, Krisna y tantos otros grandes avatares de la Humanidad.

     No es más lógico entender que ese Pecado Original no fue otra cosa, que el transito normal de este animal llamado Hombre, que despierto aún a una conciencia superior, hubo de franquear un periodo abocado a relegar al olvido los recuerdo de su conexión divina, para integrarse y anclarse profundamente a la experiencia de la vida densa de lo físico y material.

     Lo substancial es que parece haber un momento en que la CONCIENCIA, en origen divina, pasa a manifestarse en la VIDA ANIMAL Y DE LA MATERIA, y toma conciencia de una realidad bien distinta. Ese destello divino que anida en la conciencia de cada Hombre recuerda y sabe del paraíso perdido, perfecto y bello pero etéreo y sutil, pero inmanifestado en lo físico. No es mucho más coherente que en el recuerdo lejano de nuestros ancestros quedasen las sensaciones de castigo y por tanto de ahí esa interpretación de culpa.

     No es también más digno de un Dios creador, por tanto bondadoso y de Amor, que dotase a sus criaturas, de completa libertad de experimentar en la materialización, para que esa experiencia les conduzcan desde su libre albedrío a desarrollar lo mejor de su creatividad desde su divinidad reencontrada en lo físico.

     El gran proyecto creado por ese Dios es vivencial su divinidad en el terreno y campo nuevo de lo físico y material: es dotar de CONCIENCIA LA VIDA CREADA para experimentar un proceso nuevo que evolucionando le conduzca a volver a su origen de perfección.

     Que mejor muestra de que esto fuese así, que la parábola del hijo prodigo, que se va del Hogar del Padre a vivir y experimentar una vida nueva lejos de la protección y amparo Paterno. Y que cuando los avatares variopintos del bregar en situaciones dolorosos le impulsan a la añoranza del Hogar de origen decide regresar a Casa. No hay castigo, ni  condena del Padre cuando se va, solo hay amor y el respeto a su libre elección, y cuando finalmente este vuelve al reencuentro el alborozo y la alegría es general y mutua en ambos.

     Todos los hombres, como el hijo prodigo, experimentamos la vida de muy diversas maneras, atrapados en las sensaciones de los cinco sentidos, de espalda e ignorando nuestra real naturaleza y cuando somos capaces de sintonizarla con vibraciones energéticas superiores se reconecta nuestra anima con estados y percepciones elevadas, inclusive cristica, trayecto este que podríamos equipara como ese retorno al Hogar Paterno.

     Experimentamos y probamos todo lo que nos es posible sentir, lo hacemos con los atributos que nos dotó ese Dios, conciencia Superior o como lo queramos llamar, y sólo cuando tomamos conciencia de que esas experiencias mundanas no nos proporcionan la felicidad anhelada, un instinto innato del alma nos impulsa a volver a esa Casa, llámala cielo, paraíso, origen o como cada quien lo quiera denominar.

     Al cerrar, no quiero hacerlo sin decir que no es la intención dañar al creyente, ni a nadie; se que esta interpretación puede romper los esquemas de muchos. Lo experimentado también tuvo su sentido en la evolución grupal del Hombre y fue vía de aprendizaje y crecimiento que no es honesto sentenciar sin más. Al fin y al cabo el proceso evolutivo del Hombre es algo dinámico y cambiante, la vida es un proceso de creación, experimentación y aprendizaje.

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Si deseas ver este texto en una bonita presentación descargar: CRISTIANISMO Y RELIGIÓN 2º LAS CREENCIAS – LA CULPA DEL PECADO ORIGINAL

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