DESMONTANDO MECANISMOS ERRÓNEOS DEL SISTEMA Y DEVOLVER EL PODER AL PUEBLO

Publicado: 10/03/2016 en Mecanismos de control
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PRIMERA PARTE

         Estamos gestando el preámbulo de un tiempo nuevo, un tiempo nuevo que sólo podrá desplegarse y asentarse si tenemos la capacidad de ver, comprender y propiciar una más sana política en las Instituciones y en los ámbitos del Poder, puesto que esta transición, si no se fundamenta en una base más sólida que sintonice con la ciudadanía, en su más íntima y verdadera condición de “ser” y en aspiraciones más positivas, y así también con un respetuoso trato del medio al estamos vinculados no tendremos un futuro más halagüeño que el precedente.1365502433_0

Hago un breve y genérico esbozo de la Historia y de la interrelación social establecida a lo largo del último milenio entre el Poder y el Pueblo, antes de centrarme en el presente. Desde antiguo las clase populares solo existían en función de ser tributarias al Poder, del que, en el mejor de los caso recibían cierta protección, las únicas posibilidades de salir de su medio de vida a los vasallos se la ofrecía ser carne de cañón para la batalla o bien introducirse, en algunos casos, a la vida monástica. Con el trascurso de los tiempos y el creciente desarrollo del comercio se introdujo una clase social nueva, como fue la burguesía, que en su inevitable progreso fue cultivando y forjando pensamientos de revolución y trasformación. Estos cambios sin llegar a mejorar las condiciones del pueblo si representó el emerger de la ciencia y del conocimiento que darían pie a la era de la industrialización. Y a partir de aquí sí que tuvieron los poderes necesidad de contar con la mano de obra de los pueblos para explotar las materias primas y su transformación en orden a propiciarles bienestar y riquezas, esto es “La Revolución Industrial”. Esto dio pie a que algunos más conscientes y cultos burgueses empatizasen con las masas obreras estableciendo movimientos, sindicatos y partidos que establecerían “la lucha de clase”. Bajo este concepto de “lucha de clase” se creaba un paradigma nuevo que vincularía a toda la “masa” social que podríamos denominar “el pueblo”.

Esto hace posible que, tras las cruentas guerras de la primera mitad del siglo XX, los ciudadanos de mundo occidental, merced a las necesidades de reconstrucción y desarrollo cambiasen el hábitat  de los pueblos por el de las ciudades, y dos décadas después, se estuviese en disposición, cierta parte de los ciudadanos, a pensar por sí mismo y enfrentarse a ser colectivamente distinto a cómo se les había adoctrinados que debían ser. Así movimientos como el de “los Hippy que rompieron estructuras culturales y religiosidades tradicionales” y surgieron otras revueltas en el orden “político y social como las del Mayo del 68, francés” que establecen pautas de “luchas nuevas y alternativas” a la clásica e implantada “lucha de clase”, que no fueron bien acogidas y ni secundadas.

Es digno de reflexionar cómo, estas históricas contiendas del XIX y del siglo XX, que si bien fueron ejercidas bajo el patrocinio de “lucha de clases” conllevando notorias mejoras y cierta liberación del yugo opresor en lo económico y en ciertos derechos sociales obtenidos, no contribuyeron al correspondiente avance en otros áreas de necesidad y evolución de las personas, imprescindibles para el desarrollo íntegro del ser humano, como por ejemplo, entre otras, una muy básica y elemental, la cultura en su más amplia y libre expresión. Centrada la lucha básicamente en la fábrica, en el entorno del trabajo y de la producción se consiguió con ello un mejor reparto de las riquezas, más, lamentablemente, las tres grandes consignas y paradigmas de la Revolución Francesa: la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad eran y siguen siendo una falaz entelequia lejana de alcanzar.

Después, “listo el poder que supo poner el anzuelo al pez”, la clase obrera, nosotros, el pueblo, sesteamos en el regocijo del premio supuestamente alcanzado, y ufanos nos frotábamos las manos, entregados en ver como a nuestros hijos no les faltase nada, y lo que es más grave, que no se preocupasen de nada, que para eso se había luchado antes. Dormidos e indolentes, por otra parte, al manejo en que caían y/o se dejaban llevar nuestros representantes, que se adecuaban a las circunstancias en connivencia con los poderes instaurados.

El motivo de esta revisión histórica no es el achacar errores a quienes tanto lucharon, sino poner el acento en el error, error de cómo, desde la “lucha obrera” no se tuvo la lucidez o voluntad de crear e interponer nuevos paradigmas que abriesen caminos nuevos a seguir y, si hago esta larga disertación es porque veo que la falta de objetivos claros del modelo de Mundo que queremos recrear puede conducirnos a repetir el mismo error ahora. En el presente, para poder salir de la esta crisis caótica, lo primero que debiera darse seria reflexionar con lucidez y sabiduría sobre cuáles son los objetivos y el tipo de sociedad que se desea.

Nota: Sé que algunos alegaran que estoy entremezclando España y su situación presente y el Sistema o Poder occidental, más, un asunto no está desvinculado del otro. Hay que verlo desde una perspectiva global para una aplicación local.

Es aquí, desde finales de los años 70, desde donde quiero inicial mis disquisiciones y propuestas relativas al presente. No quiero hacerlo, sin destacar antes, aunque sea someramente, cómo tiempo después, gracias a la aparición de Internet se posibilita acceder a información y conocimiento no concedido por el Poder que nos lleva a rebelarnos aún más al neoliberalismo. También, no obviar, qué el modelo de desarrollo implementado por el Sistema en su loca deriva y ambición dan al traste con el propio modelo que promueven haciéndolo que este sea inviable. Ambas cosas son claves que abocaría al Mundo a esta inevitable grave crisis del Sistema.

Las expectativas de la lucha obrera se habían puesto, básicamente, en obtener sobre todo un estatus económico que hiciese más cómodo y llevadero la vida en su aspecto material; justa y humana pretensión después de tantos siglos de carencia y penuria, más grave error cebarse “sólo” en ello; el ladino Sistema lo tuvo claro, se sacó de la chistera, como por arte de magia, un modelo social nuevo que festejo el vulgo “La Sociedad de Consumo” que con el tiempo, para tal vez sanar en algo la conciencia, llamaríamos “Sociedad del Bienestar”, quieres cosas toma más cosas, quieres un coche, te ofrezco otro mejor. Y que conste que no reniego de esa sociedad de bienestar sino de la dependencia que lleva adosada y que no sea para todos.

No hay cosa que más esclavice al Hombre que el deseo de tener y la posesión misma; la clase dominante tradicional y la emergente es el más fiel ejemplo de esta dependencia a la riqueza; la adicción a esa enraizada y no reconocida enfermedad de poseer corrompe y hace delinquir a las personas sin atisbo de moralidad ni limitación. Bajo esta cultura se creó un patrón de progreso depredador insostenible que difundió esta epidemia también a los ciudadanos y al Mundo todo, unos por tenerlo y otros por ambicionarlo. Consecuencia de este dulce néctar es que se adormecieron las masas populares y se facilitó el auge del neoliberalismo que domina el Mundo en estas últimas décadas: la trampa que nos fue servida había funcionado.

Voy a esbozar en un próximo artículo en dos líneas expositivas los argumentos que podrían dar respuesta y salida a la situación, según mi personal y humilde opinión:

Una en cómo se puede contribuir a desmoronar los andamiajes del Sistema, de los mecanismos y paradigmas con que se maneja este y del que previsiblemente debiéramos desnudarle y mostrar a las masas, para que dejando de ser masas pudiesen pensar por sí mismas y salir de sus redes.

Y el otro en como creo que debiera de operarse para que el poder no sea sólo cosa de quienes nos gobiernan, práctica que se ejerció siempre así, y que realmente el poder pueda ser ejercido desde el pueblo, con el pueblo y para el pueblo.

En paralelo a ello debiera establecerse cuáles son las auténticas necesidades y cosas que precisa el Hombre para vivir una vida plena en que pueda ser feliz, conviviendo todos en paz y cooperación. El Hombre mismo ha proyectado este mundo loco que sufrimos y es el hombre mismo quien puede crear un Mundo mejor si lo deseamos.

Continúa en segunda parte…

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comentarios
  1. Margarita Moreno dice:

    Una gran reflexión la que haces, con la que estoy totalmente de acuerdo, al menos en esta primera parte.
    Espero poder ver la segunda y te diré.
    La sociedad de consumo nos ha imbuido y debemnos planarle cara para poder ser nosotros mismos. No se necesita tanto para vivir feliz, pero cambiar la mentalidad de las personas va a costar un tiempo.
    Solo con compromiso social seremos capaces de revertirlo y conseguir un gobierno del pueblo para el pueblo capaz de obtener la felicidad de todos.
    Creo que el mayor de los problemas para conseguirlo es la falta de cultura política del pueblo, muchas personas no son capaces de ver que poder comprar una barra de pan, es política. Esperemos se abran las conciencias.
    Un saludo,

    Me gusta

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