¿QUÉ TESORO SE ESCONDE TRAS LA CRISIS?
EN BUSCA DE TI MISMO, DE NUESTRA IDENTIDAD Y DEL FUTURO

La Civilización, con más veracidad el Sistema pues se me antoja indigno llamar esto civilizado, se halla inmerso en la más grave crisis y mayor caos que provocó nunca el Hombre en el Mundo. Hoy el Mundo globalizado se debate entre la autodestrucción material, moral y psicológica rayana en locura o una urgente y obligada resolución qué trasmutando paradigmas solvente los problemas que atenazan a la Tierra y a la Humanidad. Se está gestando el preámbulo de un tiempo nuevo, un tiempo que sólo podrá desplegarse y asentarse si se tiene la capacidad de vislumbrar con los ojos del alma el renacer de una conciencia limpia y sana en los Hombres que fuerce la gestión política, a las instituciones y todo ámbitos de Poder en línea al bien común y lo que nos une. Esta transición, que se asienta y fundamenta en una base sólida que sintonice con la esencia primigenia del Hombre, en su más íntima y verdadera condición de “Ser” y en sus mejores expectativas de vida.

Para poder proyectar y recrear un futuro mejor sería correcto partir evaluando lo mejor que nos aportó el pasado y sopesar qué logros del presente son dignos de sostener y cuáles de ellos son adversos y necesarios de suprimir. Muchos se preguntaran atónitos si realmente ha habido evolución y no involución. La respuesta a esta incógnita es contradictoria y cuestionable según el parámetro sobre el que enfoquemos nuestros juicio; se podría responderse afirmativamente si lo enfocamos en términos de progreso material o tecnológico, por ejemplo, entre otras previsibles mejoras, como podría ser también el bienestar para una parte de la Humanidad, más hay otras necesidades y carencias prioritarias para la Vida que ineludiblemente se han deteriorado gravemente y que hacen cuestionable el valor de tal progreso. Destacaremos los aspectos de evolución positiva a lo largo de la Historia ultima para después centrarnos en los paradigmas que se juzguen más preciso sobre los que convendría centrar el cambio y la evolución mejor para un devenir más feliz y próspero humano; del mismo modo centraré, en este ensayo reflexivo, en exponer el modo de acabar con tantas nefastas aportaciones perversas imprescindibles a suprimir.  

Desde antiguo las clase populares solo existían en función de ser tributarias al Poder, del que, en el mejor de los caso, recibían cierta protección, las únicas posibilidades de salir de su medio de vida a los vasallos la ofrecía el ser carne de cañón para la batalla o bien introducirse, en algunos casos, a la vida monástica. Con el trascurso de los tiempos y el creciente desarrollo del comercio se introdujo una clase social nueva, como fue la burguesía, que en su inevitable progreso fue cultivando y forjando pensamientos de revolución y transformación. Estos cambios sin llegar a mejorar las condiciones del pueblo si representó el emerger de la ciencia y del conocimiento que darían pie a la era de la industrialización. Y a partir de aquí sí tuvieron los poderes necesidad de contar con la mano de obra de los pueblos para explotar las materias primas y la riqueza de la naturaleza que fomentará su propio bienestar y poder. Esto dio pie a que algunos más conscientes y cultos burgueses empatizan con las masas obreras estableciendo movimientos, sindicatos y partidos que establecerán “la lucha de clase”. Bajo este concepto de “lucha de clase” se creaba un paradigma nuevo que vincularía a toda la “masa” social que podríamos denominar “el pueblo” en  este rol competitivo.

Tras las cruentas guerras de la primera mitad del siglo XX, en las que no entraré por ser ese otro parámetro distinto al ahora tocado, los ciudadanos de Mundo Occidental, merced a las necesidades de reconstrucción y desarrollo cambiaron el hábitat de los pueblos por el de las ciudades, y dos décadas después estuvieron en disposición, sólo cierta parte de ellos, a pensar por sí mismo y enfrentarse a ser colectivamente distinto a cómo se les había adoctrinados que debían ser. Así movimientos como el de “los Hippy que rompieron estructuras culturales y religiosidades tradicionales” y emergiendo también revueltas en el orden político/social como las del “Mayo del 68” que establecen pautas de “luchas nuevas y alternativas” a la clásica e implantada “lucha de clase”.

Si bien es digno de destacar las loables contiendas del XIX y del siglo XX de la clase obrera que ejercidas bajo el patrocinio de “lucha de clases” conllevan grandes avances, notorias mejoras y liberación del yugo opresor en lo económico y en ciertos derechos sociales obtenidos no tuvieron, en cambio, la capacidad de percibir otras carencias y otras áreas de necesidad y evolución del pueblo, imprescindibles para el desarrollo íntegro del ser humano, como por ejemplo, entre otras, una muy básica y elemental, la cultura en su más amplia, libre y auténtica expresión. Centrada la lucha básicamente en las fábricas, en el entorno laboral y en la producción se consiguió con ello un mejor reparto de las riquezas, más, lamentablemente, no vio, pongo por caso, a tres grandes paradigmas que engrandecen la dignidad y la vida social y humana de los hombre y de los pueblos: la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad que eran y siguen siendo una falaz entelequia lejana de alcanzar en  el horizonte de la Humanidad.

Las expectativas de la lucha obrera se habían puesto, básicamente, en obtener sobre todo un estatus económico que hiciese más cómodo y llevadero la vida en su aspecto material; justa y humana pretensión después de tantos siglos de carencia y penuria, más grave error, el de la ciudadanía toda, en cebarse “sólo” en ello; el ladino Sistema lo tuvo claro, se sacó de la chistera, como por arte de magia, un modelo social nuevo que festejo el vulgo “La Sociedad de Consumo” que con el tiempo, para tal vez sanar en algo la conciencia, llamaríamos “Sociedad del Bienestar”. Y que conste que no reniego de esa sociedad de bienestar sino de la servidumbre y dependencia que lleva adosada, de que no sea para todos por igual y de los graves daños que tal derroche material tienen para la Tierra.

Y es que no tenemos consciencia de que no hay cosa que más esclavice al Hombre que el deseo de tener y la posesión misma. La clase dominante tradicional, la elite, y la ahora emergente es el más fiel ejemplo de esta dependencia y adicción a la riqueza; la subordinación  del hombre a esa enraizada y no reconocida enfermedad y cáncer de poseer les corrompe y les hace delinquir sin atisbo de moralidad ni limitación de ninguna clase. Bajo esta cultura, pues es cultura instalada y aceptada, se ha creado un patrón de progreso depredador insostenible que propaga esta epidemia también a los ciudadanos y al Mundo entero, unos por tenerlo, sostenerlo y ampliarlo y otros, considerados desafortunados, por envidiarlo y ambicionarlo. Una de las consecuencia de saborear este dulce néctar que se ofreció al ciudadano común de Occidente es que se adormecieron las reivindicaciones en demandas de necesidades más nobles y con ello se facilitó el auge emergente de un neoliberalismo más radical y adverso a la equidad y al bien común que domina el Mundo Occidental: la trampa servida ha funcionado.

Es aquí, desde finales de los años 70, desde donde quiero inicial mis disquisiciones y propuestas relativas al cambio. No quiero hacerlo, sin destacar antes, aunque sea someramente, cómo tiempo después, gracias a la aparición de Internet se posibilitó acceder a información y conocimiento no concedido por el Poder que llevaría a muchos a rebelarse al neoliberalismo imperante. También, no se puede obviar, qué el modelo de desarrollo implementado por el Sistema en su loca deriva y ambición dan al traste con el propio modelo que promueve haciéndolo que este sea inviable de llevar a cabo. Ambos acontecimientos son claves decisorias que abocan al Mundo a afrontar esta inevitable grave crisis de Sistema.

No quiero cerrar esta primera parte del trabajo sin hacer un esbozo más global del devenir, no ya histórico sino inclusive desde la prehistoria de Hombre sobre el planeta, pues considero que el comportamiento del hombre sobre la tierra no fue siempre igual, que dentro de los muchos años que abarca cada etapa cíclica de las que hablo, hay patrones comunes de comportamientos dignos de destacar. Razono y creo que en las etapas más pretéritas y antiguas de los tiempos el Hombre se regía por la colaboración, el trabajo y el bien común. El hombre prehistórico ante el reto de enfrentarse a un hábitat desconocido y cambiante merced a cambios climáticos, sin conocimiento ni herramientas para afrontar desunido la lucha frente al medio por la vida se interrelaciona de forma constructiva y en esfuerzo común y unitario ante los retos. Es mucho después, cuando en otra etapa de su tiempo, establecido el sedentarismo y una vida más estable cuando los protagonismos personales emergen y los instintos más primarios se instalan en pro de lo propio, de lo excluyente y del poder, y que con el correr del tiempo incluiría el tener. Intuyo con ello, que esta grave crisis presente y de Sistema, nos está abocando a dar un paso evolutivo, y es el comienzo de una nueva etapa humana, si es somos capaces de verlo, y no nos dejamos arrastrar a la autodestrucción. Esta podría ser una etapa en la que debe prevalecer y estar bajos los designios de la Conciencia. La ciencia actual, la más avanzada, sabe que antes que materia somos energía y la más alta energía es la consciencia. Superada la etapa del materialismo se puede abrir un tiempo nuevo que podríamos denominar de Consciencia, tras un materialismo finiquitado.

En el próximo artículo abriremos el reflexionar en cuáles son las auténticas necesidades y cosas que precisa el Hombre para vivir una vida plena en que pueda ser feliz conviviendo todos en paz y cooperación. El Hombre mismo ha proyectado este mundo loco y es el hombre mismo quien puede crear un Mundo mejor. Y para ello debemos replantearnos la supresión de muchos de los paradigmas y mecanismos que se manejan y reconducen la vida del Hombre en la mala dirección. Así mismo el cómo recuperar el poder personal que subyace en cada ser humano, que delegado a los Poderes Imperantes.

Eves

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