CICLOS HISTÓRICOS Y NUEVO CICLO

Publicado: 23/07/2016 en Ciencia y Espiritualidad
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CICLOS HISTÓRICOS Y NUEVO CICLO

Con este articulo introduzco un paréntesis ante de continuar por la tesis emprendida. Lo inserto porque creo que con él aclaro y defino más y mejor la intención de fondo y la ideas que presento con mis reflexiones.

El Mundo globalizado parece encaminarse raudo y ligeros hacia su propia autodestrucción; La trepidante inercia que mueve los tiempos nos induce a pasos acelerados en el metafórico agujero negro de una gran debacle. Se podría decir, sin atisbos de ser agoreros, ni de estar acunando profecía estentórea, que con las actitudes puestas en juego y la potencialidad destructiva de que se dispone se está dando fe de vida al augurado Apocalipsis y proyectando su ejecución. Del mismo modo que en los textos del Apocalipsis dos fuerzas contrapuestas, representando paradigmas antagónicos, se enfrentan denodadamente sin deseo ni intención de entenderse. Ambas fuerzas sostienen ser el bien contra el mal y ambas etiqueta y condena al adversario como el maligno promoviendo su exterminio. Más al hablar de fuerzas no me refiero a contendientes reales y tangibles del Mundo en conflicto, ni al terrorismo y ni a la violencia que oprime a este, esas son sus consecuencias y sus efectos. Las fuerzas enfrentadas de las que hablo son el Sistema que rige el Mundo intentando mantener el modelo vigente y unas fuerzas emergentes innovadoras que proliferan pugnando por transformarlo; La primera se aferra enconada a los paradigmas que le dieron soporte y fundamento logrando un crecimiento sin precedentes en la Historia, enfrente el aliento y deseo de nuevos paradigmas que habilite un Mundo en que solidaridad, bien común, paz y amor sean posible.13626452_668868959944827_5447522802939224395_n

Amigo lector, si intentamos tomar cierta distancia psicológica para liberar nuestra mente de la polución que la invade y nubla, aunque sólo sea breves momentos, de pensamientos y emociones negativas que nos saque de las viciadas energías de competitividad, del miedo y temor, y del agobiante estrés en que se ha instalado nuestra vida cotidiana, así como de la vaciedad y estupidez en que se nos intenta introducir, tendríamos acceso a una percepción limpia, desde una perspectiva lúcida, que nos permitirá ver los males en que sustenta nuestra vivencia y podremos vislumbrar atisbo evidentes de soluciones que den respuestas la crisis. 

El transitar del Hombre a lo largo de la Historia experimenta, cada cierto tiempo, un notorio proceso de cambios que abren la puerta a emprender nuevos ciclos de profunda y creciente complejidad y valor. Al iniciarse el ciclo se acuñan paradigmas, principios y valores que determinan como encarar y experimentar el periodo naciente; En su desarrollo las experiencias vivenciadas van formulando nuevos retos e incógnitas por resolver, renaciendo tras ello una nueva y profunda crisis que aboca a cuestionar diversos aspectos del orden establecido y, desde ese trance, se ve la necesidad de emprender un renovado ciclo que de las respuestas que el ciclo precedente no supo dar. Es por ello que la crisis que afrontamos ahora puede y debe ser la antesala que nos abra las puertas a un nuevo tiempo evolutivo, sino queremos vernos inmersos en un proceso involutivo, en el mejor de los casos. Con un mundo afectado por múltiples y trascendentales variables nuevas, como son la globalización o el acceso a la información y el conocimiento por parte de todos, con las implicaciones revolucionarias que conlleva, esto debiera forzar al Sistema regente a asumir, o al menos no lastrar, los cambios transcendentales que den el pistoletazo de salida a un nuevo amanecer evolutivo del Hombre. En el ámbito de actitud personal deberíamos ser consciencia y dueño de sí mismo para no hacer el juego a nada externo, minimizar daños y acorte los tiempos críticos.

Si valoramos que este Sistema patrocina el materialismo más grosero y burdo y el disfrute de lo tangible y lo estrictamente sensual de los sentidos, obviando los aspectos más sutiles y sensibles de lo que es un Ser Humano; Erigiendo un modelo económico que enriquece a pocos y empobrece a muchos; Un Sistema que ha cultivado el mal, multiplicándolo, y fomentando el odio en lugar del amor; Un Sistema que en lo político, continuando pautas precedentes, forja conflictos, desata guerras y amplía la incomprensión; distribuye la miseria y el hambre, el dolor y la muerte, la corrupción y la degeneración. Un modelo de sistema que subsiste agotando sin miramientos los recursos del medio, sin reparar en la autodestrucción y el daño que genera en el Planeta; Con unos valores qué, ante la emergente demanda de bienestar de terceros, sacrificar el bienestar de su más cercana servidumbre, mientras acrecienta el poder y riqueza de la elite. Sin sentido de fraternidad para acoger a los que huyen de las guerras que propicia el propio Sistema. Todo ello, como conclusión, conforma un Sistema que sin alma ni espíritu, funciona cuan mecanismo autónomo libre de control de la conciencia humana, bajo paradigma egocéntrico, pragmático y materialista sin atisbo de saber lo que es Amor y en contra de la esencia natural de lo que ser Hombre. Muchos se justifican alegando que “somos así”, no yo no soy así, y tú, amigo lector, tampoco, ningún ser humano es así, sólo hemos caído en la trampa de “creer” que somos así.

Sopesando la Historia de Occidente, por ser la cultura que rige el Mundo, destacamos claras dos transiciones decisivas (independiente de otras convencionales) que separan a lo que podríamos definir como las tres etapas más definidas. Sobresale, también, cómo en el Medio imperante de la vida pública hay siempre dos protagonistas que discurren cercanos el uno del otro y de cuya interrelación dependen los paradigmas y valores que han de regir a los pueblos: en el Civil: los reyes, nobleza y ejército y en el Espiritual: las Religiones con los Papas y su variada cohorte. De cómo se relacionan entre sí estos dos entes de la sociedad, que pretenden defender y representar los intereses mundanos y el sentido espiritual del hombre se derivan, en su mayor parte, la problemática y las cuestiones más acuciantes que tendrán que ver con el devenir humano y, es en este factor, donde vamos centrar nuestra reflexión.

En la primera época de la Historia, e inclusive en los tiempos que les son pretéritos, la espiritualidad y la religiosidad establecida en el vasto Imperio Romano se ceñía y enmarca en el ámbito de lo privado del ciudadano y del pueblo. De la fuente común emanada de Cristo emergieron diversas maneras de “re ligare” con lo divino y trascendente, más estas prácticas religiosas diversas eran ajenas y libres del Poder central, del mismo modo que los credos llamados paganos del Imperio, que no participaban directamente del Poder.

Lo que determinó un cambio decisivo que transformó la Historia fue cuando el emperador Constantino elevó, en el siglo IV, una corriente del cristianismo a la cumbre del Imperio. Al Instituir a una fracción o secta del cristianismo a lo más alto del Poder lo que obtenía el Estado, con esta decisión puramente política, era tener el control y poder de manejar el aspecto espiritual de la plebe que tanto problema le estaba dando al Imperio. Con esta estrategia se conseguía que tanto lo espiritual como lo material pasase a depender del Poder del Estado, con lo que podía bandearlo y dirigirlo. Poco después se convoca un Concilio qué instituye a la Iglesia como Poder bicéfalo con el Civil, se adecua y conforman doctrinas y dogmas, así como las creencias y rituales con que habrá de regirse el rebaño de fieles, no sólo de la corriente encumbrada sino de todos los ciudadanos del Imperio, ya que desde el nuevo y viejo poder se persigue y extirpa las otras corrientes cristianas, acabando con todo vestigio de ellas.

Desde la estructura compartida del Poder, alineados en mayor o menor medidas según circunstancias e intereses, se gobiernan los estados, los reinos y territorios durante más de mil años. Esta etapa, un tanto desconocida y oscura, se caracteriza por la implementación de una fe exacerbada, creencias fuertemente cerradas, estrechas y limitantes y el predominio del miedo al pecado y al castigo divino preconizado por la Religión y a la vez un parasitado y lento desarrollo de la vida rural y del progreso en lo social, que se centraría básicamente en el vasallaje del campesinado que es sobrecargado de impuesto para los Señores de la Guerra. La cultura y la educación, de inexistente difusión, estaban  al servicio y bajo la potestad de la Iglesia, que decretaba lo oportuno o no que se debía saberse.

Sin intención enjuiciar a la Religión o al estamento civil, pues al fin y al cabo jugaron el papel que les correspondió, o que juzgaron apropiado, acorde a su tiempo y circunstancia con sus aciertos y errores, si es digno de destacar la verdad acuñada en la historia y desde ello ver cómo la Iglesia en el desempeño de Poder Supremo contribuyó enormemente y de manera muy adversa al cambio de ciclo que se abría y pronunciaría rotundo a partir del Renacimiento. Factores como el derivado por el progreso del mercantilismo y comercio habilitando una burguesía emergente, y sobre todo, la secularización de las diversas Universidades que se van abriendo, escapan del control de la Iglesia haciendo que el pensamiento y la cultura se liberen del rígido brazo opresivo de la Religión. La iglesia de Estado, la católica, desempeña actitudes muy erróneas como: su militancia en la política y en la contienda; la avidez de riqueza Institucional, en tanto difundió el sacrificio y la pobreza al feligrés; las perversiones extensas y frecuentes de sus dirigentes, con todo ello y los dogmatismos extremos y creencias opresivas generan cada vez más rechazo en las nuevas clases sociales que florecen en la sociedad. Llega a tal grado su torpeza en el ejercicio de poder que propicia las escisiones del tronco común de la religión a nuevas corrientes religiosas que terminaron consolidándose separadas.

La crisis que marca este ciclo de la Historia lo protagonizó la Iglesia que, aunque puede seguir indemne mucho siglos más en tanto que poder, en los aspectos más propio a su razón de ser espiritual es un rotundo fracaso, al menos, para los extractos más cualificados de la sociedad, que serán los que protagonizan las propuestas y paradigmas que den respuesta a los problemas planteados en el siguiente ciclo. La filosofía cuestiona y busca caminos nuevos que den respuesta en el orden espiritual y trascendente, sin obviar el plano real y la ciencia rompe directamente con la Institución. A partir de esta ruptura con el poder religioso los caminos de los aspectos materiales, físicos y tangibles del Hombre en lo social y el personal de la espirituales, aunque en teoría y asignación siguen en manos de la Iglesia, quedan seriamente trastocados tomando rumbos divergentes y contrapuestos en muchos casos.

Filosofía, Ciencia y conocimiento abordan la ruta y mando de la pragmática realidad física y material y la Religión sistemáticamente sigue dirigiendo los aspectos espirituales y de religare de los Hombres con lo que se inicia el nuevo ciclo evolutivo del Hombre, ciclo en que los más evolucionados y preparados se desmarca de la manipulación de la religiones y habilitan el desarrollo material de la Humanidad.

Continuará…

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