LOS CICLOS HISTÓRICOS Y EL NUEVO CICLO 2ª PARTE

Publicado: 27/08/2016 en Ciencia y Espiritualidad
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LOS CICLOS HISTÓRICOS Y EL NUEVO CICLO  2ª PARTE

El ciclo histórico iniciado con el Renacimiento, tras el desafortunado proceder de la Iglesia no sólo rompe la unidad de la cual gozó, sino que reactiva el que la cultura y la sociedad se abran a recuperar el acervo de conocimiento clásico y antiguo. La Ciencia, reprimida y perseguida por la Institución Religiosa en el ejercicio de su trabajo, busca liberarse y encontrar, al margen de control, respuestas propias de cómo funcionan las cosas del Mundo. En una paulatina liberación, la creatividad y el pensamiento promueven la investigación en pos de descubrir y diseñar mecanismos e instrumentos que permitan al hombre manejar su medio y hacer la vida más cómoda y fácil en el orden físico, resurgiendo de vivencias precarias e inculcaciones de culpas y sacrificios proyectado por el credo religioso. La rama de estudio más cercana a la religión, la Filosofía, sopesa y escribe sobre la naturaleza esencial del Hombre, sin los rígidos corsés de antes, con líneas filosóficas que serán germen de ciertas divergencias y rupturas.12376010_576710975827293_4438313263118644733_n

En la relación al Poder civil, emergentes sustratos burgueses evolucionan en favor de liberarse de los absolutismos reales y en demanda de más participación y poder. El pensamiento, causa y origen de las ideas, proyecta su acción en fraguar realidades nuevas. Se especulan teorías sociales y filosóficas que germinan en corrientes de pensamientos e ideologías que acaban calando, poco a poco, en las gentes y pueblos y serán los instrumentos de transformación de la sociedad y de la cultura. Destacan, sobre otras, tres líneas de pensamiento e idealismo que se proyectan en materializar dos trascendentales revoluciones y un sistema de gobierno y constitución que cambiarán la Historia radicalmente. Los ideales plasmados en sus libros por filósofos y pensadores como Voltaire y J.J Rousseau impulsan la Revolución Francesa; y principios tan rupturistas y provocadores como el derecho a la igualdad, fraternidad y libertad del Hombres dinamitaran el viejo orden, absolutismo y aristocrático. En el Nuevo Mundo, otra clase burguesa, exiliada de Inglaterra, revoluciona el modelo establecido, no tanto por su independencia como por su Constitución, con leyes y principios antes nunca visto y el retomar un modelo clásico de gobierno y participación: la Democracia. Y por último, y no por ello de menor trascendencia, las ideologías emanadas de Engels y Karl Marx sobre todo, en defensa de las capas más desfavorecidas y pobres. Estos filósofos e intelectuales darían base y fundamento a las ideologías comunistas, socialistas y de izquierda en general, que culminaría de manera más relevante con la Revolución Rusa del 1917, en tanto en Europa, sin llegar a tal extremo, han contribuido a aminorar las condiciones extremas de injusticia social y precariedad.

Hay otra revolución, de fondo, que se va instaurado, paulatina e imparable, como consecuencia del desarrollo y del progreso: La Revolución Industrial que, con el transcurso del tiempo, alcanzará un culmen transformador en la segunda mitad del siglo XIX. Es en este siglo, en el que la demanda de mano de obra para desarrollar y dinamizar el progreso industrial explota más severamente a los extractos más pobres y humildes de los pueblos. Este caldo de cultivo será la base que nutrirá a las emergentes ideologías de izquierda, en pos de liberar al campesinado y a los obreros que sostiene el enriquecimiento de la burguesía industrial.

Con la consolidación del progreso y el lucrativo enriquecimiento de la sociedad burguesa se inicia un capitalismo de nuevo cuño, y es cuando comienzan a desvelarse de manera patente las maldades y errores inherentes a este ciclo, que con el despuntar del nuevo siglo conducirá a la Humanidad por los derroteros más aciagos y fatídicos, así como los de mayor violencia y mortandad de la Historia. El siglo XX, grandioso en orden al progreso material, es por el contrario, el más egocéntrico y materialista de todos, sustentando su acción en principios anclados en sentimientos de rencor, odio, temor y miedo. En consecuencia, oculto tras estos errores, el ciclo deja una herencia regida por paradigmas y principios egocéntricos, materialistas, de separación y confrontación, en detrimento de los paradigmas que define y defiende lo común y fraternal: el Amor circunscrito a la Espiritualidad.

Destacan como causas de este materialismo dos líneas de actuación que ponen las condiciones idóneas para su desarrollo: La primera, el erróneo gobierno de la Iglesia, no ya en cuestiones evidentes, sino en las interpretaciones que hace de lo que es la espiritualidad real del cristianismo. Y, la segunda, el ignorar y no tener en cuenta, el aspecto espiritual por parte del emergente pensamiento progresista, en respuesta, contraposición y pago al mal hacer religioso. Las filosofías e ideologías dominantes, pragmáticas y centradas en la vida material del Hombre, en su circunstancia y en su medio fue dejando de lado esta condición espiritual, manteniendo en todo caso, la misma pauta equívoca sostenida por la Religión, con lo que el cultivo ideológico  fomentado y difundido, tanto por acción u omisión, por los unos y por los otros, fue el de un materialismo pragmático, cuando no agnóstico o ateo.

La cesión y dejación de la semblanza espiritual pone en entredicho la veracidad y validez de que exista tal sentido en los Hombres, y que, finalmente no seamos, sólo, más que una densa materia física pensante, separada y en competencia los unos frente a los otros. El intento de religar al Hombre con lo superior y trascendente pretendido por la Religión es afrontado por amplias capas burguesas acatando sus pautas, pautas ricas en rituales, apariencias y formas, pero vacías del contenido espiritual de Cristo; postura que sigue vigente hoy, denotando gran dosis de doblez e hipocresía, dejando que se dé lo que da, en tanto no incomode y reporte beneficio personal. Otros estamentos de burguesía, culta y con mayor dosis de honestidad y/o, más reactiva a la religiosidad torticera y manipuladora, que opera en favor del poder, se siente impulsada no sólo a rechazar ese falso religare religioso, sino qué, dejándose llevar por su reacción, afirma que no existe tal sentido espiritual, proclamando, sin atisbo de duda, su ateísmo y agnosticismo, posicionamiento que abriría aún más la puerta al más denso y procaz materialismo. Mientras tanto la extracción popular, pobre e inculta del pueblo, acepta lo que se les haga creer, sin capacidad, ni derecho a cuestionarlo, pues en sus credos se les ofrece la muletilla para que puedan sobrellevar una vida de sacrificio, dolor y penalidades bajo la esperanza de que una vez pulgadas sus culpas innata e ignota y las que se deriven de su inadaptación podrán optar a obtener el premio tras la muerte.

Hay otro condicionante fundamental para que se impusiese el materialismo, ya que la adversa actitud, por sí sola, no habría bastado para arrumbar atributos constitutivos de ser. A falta de mayor profundización de cuál fue la Espiritualidad que interpretó y defendió la religión a lo largo y ancho de la Historia, respondida superficialmente en el contexto del artículo y que se habrá de abordar en otra ocasión, la faceta que inclinó con contundencia la balanza fue la Ciencia newtoniana; ciencia cuyo marcó de referencia tiene como eje central el estudio del funcionamiento y comportamiento de los cuerpos físicos a escala macroscópica, lo cual valida y da curso a una ciencia mecanicista y práctica, dando por sentado que toda la creación, inclusive el Hombre, obedece esas mismas leyes y principios. El punto de inflexión y ruptura a esas teorías asentadas durante el ciclo viene cuando el estudio se aplica y experimenta a escala microscópica a partir del siglo XX con Einstein a la cabeza, que abriría la puerta a interpretar y reafirmar verdades y conocimientos difundidos por la sabiduría perenne espiritual de todo tiempo y lugar; una espiritualidad que sin ser potestativa de ninguna religión subyace común de todas ellas, espiritualidad que también está circunscrita dormida en todos y cada uno de los Hombres, tanto creyente como ateo, bondadoso como maldito.

A lo largo de la Historia ha habido mentes preclaras que con percepciones intuitivas alumbraron revelaciones que el limitado sentido común tildó de mágicas; Esta predicciones, con mayor o menor nitidez, mostraban las consecuencias que el proceder colectivo acarrearía de no cambiar su rumbo. Hay un augurio que predice el final de la Iglesia, que interpreto de toda religión. Esta predicción tiene más coherencia que lo que a simple vista parece tener, si somos capaces de entenderlo. Téngase claro, para eso, que Religión y Espiritualidad son cuestiones completamente distintas. La Religión cuya etimología procede de re ligar y unir es la función que intentó desempeñar Iglesia y religión: el proceso de vincular y unir, esto es ser el medio. La Espiritualidad, no es el medio, son las connotaciones y naturaleza internas de ser de cada Hombre, aquello esencial que somos y que no cambia, los atributos auténticos de Ser, y que contiene, entre otros, ese sentido de trascendencia y vinculación con ese algo superior.

Las religiones cumplieron su tiempo histórico, del que es preciso pasar página.  En otro tiempo tal vez fuese precisa su presencia, no es cosa de juzgar y condenar ahora, lo que sí es cosa es el analizar su pastoreo ejercido desde el Poder Supremo. Este poder no estaba en manos de adalides espirituales, ni maestros espirituales que predicaran con el ejemplo, sino desde burócratas politizados anegados de las mismas pasiones mundanas que todos los demás. Ya Cristo predicó que el trabajo era cuestión personal interna, y todos los grandes místicos y maestros espirituales habidos, no sólo del orbe cristiano, sino de todo tiempo, latitud y credo sintonizó y alcanzó su elevado estado de consciencia merced al trabajo interno. Ya en los primeros siglos de la Historia las corrientes gnómicas cristianas y las anteriores a Cristo así lo practicaron, más, como tantas otras corrientes de conocimientos y espiritualidad, fueron perseguidas y suprimidas con el acceso al Poder de una de ellas. Coherente a la reflexión y verdad que entraña concluyó en que el religare no precisa de nada ni de nadie externo a mí.

Con el fracaso de las religiones en hacer del Hombre un ser acorde a Cristo, Buda o cualquier gran avatar que habilitase una Humanidad pacífica, feliz y en armonía con el medio, llega el momento de dejar de delegar en las religiones y en todo lo que es externo a ti. Se abre un tiempo nuevo en que el Hombre está preparado para sintonía con la espiritualidad que late dentro de sí mismo. Desde el silencio, el observador que hay en ti, puede vibrar y resentir las respuestas y la Verdad esencial que alumbra tu Ser y no la que proyectaron otros.

Hay esencias de Verdad Espiritual en todas las religiones; estas esencias son comunes y están circunscritas a todas ellas, y son inmutables; pues al igual que la Verdad es indestructible, y lo es porque en consciencia la sabemos cierta, la espiritualidad lo es igualmente. Tanto más cuando en los tiempos presentes la Ciencia, de manera tangible y experimental, está validando las grandes Verdades que subyacen en toda la Sabiduría ancestral Espiritual del Mundo.

Eves

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