DENTRO DE LA RATONERA: REINTERPRETAR Y DESPROGRAMAR

Publicado: 23/09/2016 en Ciencia y Espiritualidad
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DENTRO DE LA RATONERA:   REINTERPRETAR Y DESPROGRAMAR

Comienzo con un resumen sumarial de las temáticas abordadas en artículos anteriores al objeto de central y clarificar los mensajes y soluciones propuestas. De los siete últimos que componen esta tesis, en los dos primeros orbitaba las reflexiones en cómo las demandas del pueblo llano, se encauzaron en dirimir las  necesidades básicas y perentorias, que una vez obtenidas en cierta medida, terminaron siendo los grilletes con los que el Poder encadenó a sus gobernados. En el tercer capítulo, lo expuesto se ajustó a intentar que viésemos cuales son los principios, valores y la naturaleza esencial que subyace inerme dentro de nosotros y que puesta en juego nos habilitará a llevar una vida plena de felicidad; eso sí, si somos capaces de liberarnos saliendo de la ratonera. En el cuarto, en dos partes, centralizamos la atención en ver como el Sistema nos controla y manipula, con intención y propósito o por ceguera interesada, elaborando y manejando mecanismos que nos inducen a ser autómatas y esclavizados de un medio sin alma. Con el quinto y el sexto, abro un paréntesis en la línea seguida, para enfocar la atención en mostrar cómo la Historia a lo largo del tiempo va conformando ciclos que tienen su comienzo y su final, y cómo el momento presente fuerza abrir un nuevo, con la urgente necesidad de renovarse, para no derivar en mayor degradación y autodestrucción. Actuar en esta dirección precisa de una profunda introspección, cómo la que intento abrir, que corrija diversos errores, encauce el rumbo a tomar y alumbre paradigmas apropiados.13680252_670331119798611_4903966230176712531_o

Abordo ahora dos líneas temáticas en aras a  esta regeneración social y humana que reclamo. La primera está relacionada con el Hombre en sí mismo, con nosotros, los protagonistas del juego; contigo, conmigo y los otros a nivel personal y colectivo. En todos, el trabajo es interno y tiene que ver con el cómo y el porqué de lo que somos, tiene que ver con nuestros pensamientos, sentimientos y creencias. Dicho de otro modo, si somos y disponemos de atributos de inmejorable cualidad, por qué ponemos en juego los más nefasto y adversos de nosotros. Qué ocurre en nuestra mente y conciencia para que este proceder sea el común proceder. Ésta es la cuestión que dilucidaremos a continuación. Y la segunda temática estará dedicada a dar a conocer y reflexionar sobre las tesis y descubrimientos alcanzados por la Física Cuántica, pues esperar otro siglo más a que sus investigaciones, que avala a la sabiduría espiritual milenaria, impregnen y calen en la sociedad es jugar con fuego autodestructivo.

Manteniendo la pauta seguida hasta aquí, de lo externo a lo interno, de fuera a dentro, empezamos a repasar cuestiones externas qué instaladas en nuestra “mente fragmentada” es verosímil que nos condujesen a obrar en la forma que lo hacemos. Sin lugar a duda las creencias y los dogmas son pilares donde se asienta nuestros forma de pensar, de ser y obrar. Podemos afirmar todos, alto y claro, sin ambages de dudas, qué: soy el que soy en respuesta a lo que creo. Vamos a permitirnos, en vista de los derroteros que ennegrece el camino, sopesar esa leche que se nos dio a mamar, por medio de la cultura que nos nutrió.

Planteémonos en primer lugar la existencia o no de un Dios. El Universo, y ahora los Multiverso, en su inmensa y grandiosa manifestación, tanto en el orden macro cósmico cómo en el de los micro cósmico, que son en sí mismo otros Infinitos Universos, están dotados de la más excelsa y altísima Perfección y del más logrado Orden. Si el Hombre no tuviese “conciencia de Ser y Existir” podríamos muy bien no ver éste Todo al que pertenecemos, podríamos obviarlos como supuestamente lo hace la piedra y el animal que llamamos irracional. Más no es así, y lo que es: es, y no podemos obviarlo ni eludirlo. No podemos, pues hay algo dentro de nosotros, eso que llamamos conciencia que nos distingue, que nos fuerza a pensar, reflexionar, meditar, percibir, intuir y sentir sobre la incógnita de “quien soy yo y el sentido de todo”.

Concluir con que fue el azar y casualidad lo que propició una Creación tan excelsa y sublime es, cuando menos, propio de una miopía supina. Podremos intentar no planteárnoslo; podremos mal decir, renegar y negar que fuese su Creador ese conceptuado dios que se nos pintó desde la pequeñez e ignorancia de los Hombres, pero sabemos que la Humanidad, a pesar de su perverso obrar, es la especie más cualificada de esta creación, al menos terrena, pues se nos concedió el don de la “conciencia”, atributos espirituales y cualidades del más alto grado para desarrollar la vida en la Tierra.

Podemos afirmar rotundos que en toda la Creación la Vida late, cierto que en diverso grado de complejidad, pues incluso en una de sus formas más simples, la piedra, hay tal coherencia atómica, que es una forma de vida, todo ello, toda esta Creación no puede ser más que la obra de una Conciencia Superior, Gran Mente, Dios o como lo quiera llamar cada uno, dotada de los atributos más Elevados y Supremos de Perfección y Amor, pues crear es dar y eso es Amor.

Algunos aceptaran la previsible existencia de un Dios Creador, objetando, no obstante, que el Hombre no estamos capacitados para plantearse el dilema, y que es mejor pasar de ello. Se cae por su peso esta inhibición cuando el Hombre es el único espécimen que ha modificado creativamente el mundo que vemos y dispone de la herramienta distintiva de una Conciencia, capaz de abrirse a percepciones de la más elevada sintonía con lo Superior. Si esa Conciencia Consciente o esa Gran Mente Superior fue capaz de crear este Todo, la especie Humana, su creación más lograda, su Hijo mejor, pues toda lo creado es un hijo, está capacitado para hacer valer su cualidad mejor: su conciencia de ser con “consciencia”.

No voy a centrarme en torno a la creación en sí misma y, si lo haré en la disfunción que supone que siendo el Hombre un ser dotado de Conciencia cómo es posible que tengamos tan difícil el sintonizar con esa Conciencia Superior que nos dio Vida, y cómo, en respuesta a esa desincronización, estamos operando en contra de nuestra condición natural de ser; es como si cualquier animal funcionase en contra de su condición natural, pongo por caso, que un tigre se forzase a vivir en el océano, cuando no está equipado para ello.

La Biblia dice que en el origen la vida del Hombre trascurría feliz en un Paraíso hasta que en un momento dado este Hombre erró “¡¡¿?” y fue expulsado “¡¡¿?” de ese Edén. Podemos hacer una interpretación simplista e infantil de esta historia o podemos hacerla de manera figurada y  arquetípica. De este mito, o tradición oral, lo más destacable es el hecho concreto del “cómo y la forma” en se cae en la incoherencias de trasmutar lo que era esa condición natural y afín de Ser Hombre, ese don de vivir en paz, felicidad y armonía en “cómo y de qué manera” derivamos en elaborar y procesar sentimientos y actitudes contrapuestas a esa naturaleza esencial. El “por qué”, el que fuese la manzana o el limón es lo de menos ahora (esto lo abordaremos más adelante), ahora centrémonos en cómo se pudo producir este cambio de paradigmas.

Reafirmando que el Dios que se nos inculco  y forzó creer no nos es comprensible ni asumible a muchas personas, planteo: ¿No parece más previsible y lógico que el Dios que se nos dio a mamar desde la tradición y religión es un Dios proyectado por el Hombre desde un estado de conciencia distanciado de su conexión inicial, enajenado y herido por dicha pérdida? ¿No es este Dios un producto fidedigno del Hombre diseñado a su propia imagen y semejanza? Esta recreación de la divina, reproduce y da curso legal a un Dios puramente humano, iracundo, vengativo y sancionador, que tristemente puede haber servido de cauce a los paradigmas más funestos.

 Desde la ruptura y desconexión, cobra vital importancia la interpretación que se haría de tal “caída” pues está será la clave que determinará los patrones de los dogmas y creencias por los que serán regidos y cultivados los pueblos y culturas. Por tanto, sopesemos si no se proyectaron y establecieron dogma, credos y leyes inquebrantables que aún hoy la sociedad no se atreve a cuestionar y menos a descreer. Estos dictámenes adhirieron, por siglos y milenios,  las creencias de Culpa y Pecado, de Enjuiciar y Condenar, de Castigo y Muerte, que son las señas que dan identidad al Hombre tras la caída. También otro paradigma adverso se imprimió en la especie, el de Separación tergiversando la Unidad de los Hombres entre sí y con su Conciencia Superior, pregunto ¿Tiene  viso de coherencia que un Dios Grandioso, Insigne Arquitecto y Creador, cuya magna Obra es Amor, sea ese Dios iracundo y sentenciador? ¿No es más verdad ver que esa herencia que se le atribuye a Dios el fruto de las mentes dolidas, y ahora fragmentadas, de los Hombre victimas de su propio sentimiento de culpabilidad?

Condenar qué un error desconocido te imprima el sello de Pecador de origen, que la Culpa sojuzgue tu conciencia y que esta sentencia sólo se purgue con Sacrificio, Dolor y Muerte es algo inconcebible y digno del juez más encripto y severo que pueda darse. Piensa si no son éstas las verdaderas ataduras que atenazan al Hombre a los aspectos más negros de su condición humana, haciendo de la vida en la Tierra ese Infierno a que el Hombre se condenó a sí mismo. Si las sentencias hubiesen sido dictadas por Dios, Conciencia Superior o como quieras llamar al Arquitecto, menudas alforjas nos habría dado para tan largo viaje. Que padre, tan sólo humano, de este mundo siniestro, cargaría con semejantes equipajes a sus Hijos. No se ajusta más a Verdad, reincido por la trascendencia de lo que estamos hablando, el diagnosticar que sólo fue este Hombre, avergonzado y atribulado por su error quien, desde el nuevo sentimiento de culpa, se flageló en su expiación con estas duras sentencias.

Aunque puedan parecer inicuas al Hombre de hoy estas sentencias, que tanta reflexión me ocupa, no lo son, son las estructuras que conforma y sostienen el armazón del Sistema actual. Es hora de salir de paradigmas recurrentes heredados, de reflexionar con la libertad que antes no hubo, de descreer de inculcaciones perniciosas instaladas en la mente individual y colectiva de la Humanidad. Creencias y dogmas que penalizaron y dañaron la salud física, psíquica y mental, así como al alma espiritual del Hombre. Abordaremos estas creencias, una a una, cuan los “programas” que son, más adelante, pues esta son los credos que no inducen a la lucha.

En aras al concepto, “Programas”, vamos a hacer un cambio de tercio. Expongo para ello, como los Robots son diseñados a imitación del Hombre. Esta maquinas están dotadas de miembros que imitan los brazos y piernas humanas, lo que les permite ejecutar funciones análogas a nosotros. Del mismo modo que los humanos disponemos de un cerebro que ordena las acciones que debemos ejecutar, esos miembros mecánicos, de estos autómatas disponen de un ordenador desde donde se envían las órdenes, a través de impulsos eléctricos, que darán movilidad a sus miembros para ejecutar lo mandado. Más, para que el ordenador del Robot cumpla su cometido es necesario, cómo en todo ordenador, que se le inserte los programas que precisa su sistema operativo para este desarrollar las órdenes que remitirá a sus miembros ejecutar. El Hombre, modelo en que se basa el Robot, necesita del mismo modo de los “programas”. Destacamos con esto que funcionamos en base a “programas”.

Algunos de estos programas con que funcionamos son dictados con cierta conciencia de lo que hacemos, pero la gran mayoría, más del 95%, operan en nuestra mente sin el control ni el poder del Hombre que actúa sobre sí mismo. La genética heredada, el generacional familiar, las emociones y traumas vivenciados, conjuntamente con las inculcaciones aprendidas y aprehendidas familiares, culturales, religiosas y del medio, entre otras, conforma y reeditan los muchos “programas” subconscientes que maneja la mente, que opera fragmentada e inhibe conectar con la Mente Superior de nuestro Ser. Así esto “programas” instalados, expuesto a lo largo del texto, debieran subsanarse para tener el poder interno propio.

Eves

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